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27 agosto 2014

Cómo el Padre Labat se comió a su propio loro.

El padre Jean-Baptiste Labat (1663-1738) fue conocido por sus crónicas de viajes a las indias occidentales (difíciles de conseguir en castellano hoy día) y por su incansable curiosidad culinaria. De los tres loros que mantenía como mascotas, solo el que consiguió en Guadalupe se negaba a imitar el habla y lo único que hacía era graznar y chillar. Convencido de que el loro era demasiado viejo, y cansado de aguantar sus gritos, decidió sacrificarlo. Más tarde se daría cuenta de que en realidad el motivo de sus chillidos era que aún era muy joven. Más que lamentarse por el pobre pájaro, el padre decidió experimentar por el bien de su estómago y cocinarlo en adobo. Su carne era delicada y suculenta, muy grasa, y se podía cocinar en una brocheta sobre el grill o preparado en compota como los pichones.
No sería de extrañar que muchos piratas, en situación similar, hubiesen decidido meter el loro a la cazuela.

18 octubre 2013

Basil Hood. Pirata y Cuatrero.

Uno de los botines más extraños de la Edad Dorada de la Piratería corrió a cargo del desconocido capitán Basil Hood, quien en el año 1713 tuvo la "brillante" idea de desembarcar para robar un rebaño de vacas.
El plan fue calamitoso ya desde un comienzo, pues las vacas ofrecieron resistencia a los desconocidos piratas y éstos desde luego no tenían madera de granjeros. Sangre sudor y lágrimas les costó embarcar a toda la vacada, pero no terminaron ahí sus problemas. Como es natural, las cautivas no estaban acostumbradas al bamboleo ni a los hedores de la bodega, de modo que empezaron a marearse. Dos días más tarde, en alta mar, el barco pirata apestaba a vómito de vaca y cucho. Los marineros se volvían locos aspirando cada día el peor olor que jamás hubieran tenido la desgracia de padecer. Tal era la peste, que se cree que sirvió de pista a la fragata inglesa que finalmente los acorraló.
El destino de Hood y sus hombres parecía estar escrito, pero paradójicamente fue el nauseabundo olor de las vacas enfermas lo que les salvó la vida, pues una vez el capitán inglés pisó la cubierta del pirata sintió tal repugnancia que decidió dejar libres a Hood y a su barco de apestados y alejarse de ese estercolero flotante a toda vela. Según cuentan, los piratas consiguieron llegar a puerto y vender su cargamento, por el que consiguieron una modesta suma. Desgraciadamente para Hood, uno no se convierte en un pirata de éxito robando vacas.

08 junio 2012

Tortugas del Caribe

Las crónicas de Exquemelin son una fuente infinita de conocimientos sobre el Caribe de los bucaneros. Recordando las aventuras de Jack Sparrow con tortugas marinas me viene a la memoria una de las tantas anécdotas naturalistas que el cirujano y escritor tuvo a bien escribir sobre sus experiencias navegando con los Hermanos de la Costa:

En el Caribe se distinguen cuatro especies de tortugas. Las primeras son tan grandes que cada una pesa cerca de 2000 o 3000 libras (900 o 1350 kg); sus escamas son blandas y fáciles de cortar. No son buenas para comer. Las de la segunda son de tamaño medio, tienen un color verde y las escamas más duras que las primeras. Su carne tiene un sabor agradable. Las de la tercera especie se diferencian muy poco de las segundas en el tamaño, salvo porque tienen la cabeza algo más grande. Los franceses llamaban a esta especie de tortuga "Cavana" y su carne no sirve de nada. La cuarta especie se llama "Caret" y es muy similar a las tortugas de Europa, su hábitat suelen ser las peñas cercanas al mar. Sus huevos son casi como los del cocodrilo, pero sin cáscara, rodeados de una fina película. Suelen echarlos en las orillas de las islas Caimán.

Es un hecho curioso, como las tortugas pueden encontrar las islas, pues la mayoría vienen del Golfo de Honduras, a ciento cincuenta leguas de distancia. Sucedió muchas veces que algunos navíos, habiendo perdido el rumbo a causa de la niebla, tomaron la ruta y corriente guiados solo por el ruido que emitían las tortugas.
Cuando pasa el periódo de incubación, se retiran hacia Cuba en busca de sustento, pues mientras están en las Caimán no comen nada. Pasan un mes en las playas de Cuba y una vez han engordado, los pescadores españoles vienen a buscarlas obteniendo una pesca abundante. La manera de pescar una de estas tortugas era empleando un clavo largo que se dobla e inserta en un palo similar a un garrote. En cuanto la tortuga sube a tomar aire se la apuñala con el arpón en la barriga o el cuello.